Portada del libro "El cuartel" del Excmo. Ayuntamiento de Ciudad Real

Con esta estupenda novela, Luchy Núñez ganó el XIII Premio de Novela Ayuntamiento de Ciudad Real el 10 de Abril de 2006. A finales de Abril de 2007 sale a la venta.

La novela, es el diario de una niña, cuyo sueño es integrarse en el inmenso cuartel erigido al lado de la casita de suboficial en la que vive, e integrarse en la sociedad a la que sus padres han emigrado. Ninguna de las dos cosas será posible, y la familia regresa al sur.

Luchy, empieza así este maravilloso relato:

(( Por primera vez en mi vida, hoy me he fijado en el nuevo reemplazo. Llegaba del campamento de mas d'Enrich, por el muro del cementerio, con rumor de botas y tierra , con tintineo de cantimploras y platos metálicos. Algunos soldados llevaban en los hombros petates y mosquetones; otros, cartucheras y granadas de mano colgadas de la cintura.

He caminado un rato junto a la tropa, pegada al carro cuba y, ya en el cuartel, me he sentado en las escaleras de los pobres para ver de frente las caras de los soldados. No me gustan. Traían miedo y desconfianza. Hambre no será, porqué mi padre dice que el que más y el que menos viene a la mili a sacarse la tripa de mal año.

Me he entretenido con el nuevo reemplazo a cosa hecha y antes ya me había parado un buen rato en el escaparate de la clínica de muñecas.

Desde finales de Agosto, que es cuando nació mi última hermana, vale más acercarse lo justo por casa, no sea que a mi padre le vuelvan a entrar las ganas de tirarla por el retrete. Demasiadas mujeres para él.

Y hablando de la clínica de muñecas, yo creía que la pepona que me regaló la Avelina, cuando se enteró de mi chasco con los panellets, era la mejor, pero hoy he visto que las peponas son de una manera y las muñecas, de otra.

Con mi pepona me ha pasado lo mismo que con el nuevo reemplazo: que me he parado a mirar de verdad. Llega un momento en el que te das cuenta de algo, y cambias un poco y, a la vez que te desengañas tú, sientes que los demás ya no te pueden engañar.

También hoy me he fijado en los galones y las estrellas. Algo me imaginé el día que sorprendí a mi padre con el páter del regimiento, restregándole la bocamanga por las narices y diciéndole que si en lugar de chusquero de mierda fuera militar de carrera, no habría tirado a su quinta hija por el retrete. Pues hoy, me he fijado en que los que vocean "¡ep oh, ep aro!", y sudan como los reclutas, llevan galones. Los de las estrellas van a caballo o en carros y, al vivir más cómodos, no sienten la tentación de tirar a sus hijas por el retrete.

Cuando ya la había tirado, daba puñetazos y patadas contra la pared, mientras mi madre corría de un lado a otro, con la niña en brazos, mojada de meados. Al final, mi padre se apoyó en el chinero con la cabeza entre las manos, por no oírla o por no matarla.

Al llegar a la segunda farola del cuartel, los soldados cambiaban el paso para ir entrando por la puerta de víveres. En el patio de armas, se ha oído, "Media vuelta, ¡arrrr!", y han desaparecido en las compañías.

Las luces de la cantina se han encendido y ha empezado la noche.

Donde yo vivo no hay alumbrado, así que me iba a ir corriendo, pero ha salido el cuerpo de guardia para el arrío de la bandera, y me he tenido que esperar. Los pobres, también.

 

Imagen del edificio en la contraportada

Estevet regresaba con su perra de cortar hierba para los conejos y me han acompañado hasta la esquina. Apenas le he hecho caso. Bastante trabajo tengo con las sombras del muro del cuartel.

A medida que me acerco a las casitas de los suboficiales, se vuelven más y más negras. Justo en la mitad del muro, en el tramo seis, he alcanzado a la Choni, cargada con la capillita de los padres Claretianos.

Terrible ha salido a recibirnos.

En casa no había cena de guiso porqué mi madre no se levanta de la cama. Hemos comido chusco y tocino.

La Avelina había bañado a la Mariví en el barreño y aprovechaba el agua templada para lavarse ella también.

Mi padre roncaba en el comedor, así que hemos trajinado con mucho cuidado. No conviene despertarlo, estos días siempre está con la correa a punto, así que hemos fregado los platos con la puerta entornada. La Avelina y la Choni charlando bajito, como en confesión, de sus cosas de chicas mayores. Mariví se había quedado dormida con el moflete pegado al hule de la mesa. Como a veces llora y pone negro a mi padre, la he cogido aúpa y la he acostado. Mientras le quitaba las horquillas de los rodetes ha abierto los ojos, pero al momento los ha cerrado.

Ahora vuelvo a pensar en los reclutas, pienso que se habrán ido a dormir sin una hermana como la Avelina que los bañe junto a los fogones. Aunque se afeiten, seguro que les gustaría ser tratados como las hermanas tratamos a la Mariví. Y como trataremos a la Candela en cuanto podamos. En cuanto mi padre se haya acostumbrado a ella. Aún es un poco pronto, nació en Agosto, solo tiene un mes.

Antes de dormirme me imaginaré la lámpara del comedor de María Gloria Navarro. Con solo verla desde la calle, ya te entra calorcillo por dentro.