Portada del libro "Paseos" de la editorial N. y C.
"Ven. Hoy te voy a llevar, paseando, por donde me ha explicado Patricia que tú estás ahora.
Es un laberinto de callejuelas estrechas y encumbradas, en la parte alta de Barcelona, que van a dar a un parque precioso. El cielo, desde esas calles, se diría que se vuelve cintas azules, estrechas y largas como serpentinas..."
 

Así empieza el primer libro, que publicó la escritora Luchy Núñez, y en el que hace una evocación sentimental a su padre con motivo de su muerte. Más que el recuerdo de su padre, predomina el sentimiento del camarada perdido. los lugares que recorre la autora, en compañía de su padre, están impregnados de una dulce poesía.

Luchy Núñez, en esa época, vive en Barcelona, y los lugares de la capital catalana más significativos para ella, se van repitiendo a lo largo de la obra.

Según comenta Carmen Llorca en el prólogo, la muerte, se convierte en el factor aproximador, en la fuerza que elimina el tiempo y las distancias. Dice también Carmen Llorca que el libro es un conjunto de breves reflexiones llenas de delicadeza, lucidez y melancolía.

La muerte se convierte en algo sencillo, próximo, cotidianamente fácil. La autora reconoce la figura de su padre en los lugares donde ha estado, no en un frío cementerio, dice así:

 
"Hoy he ido al cementerio. No volveré. Allí tu no estás. Aquello, tú no eres"
 

Al estar en contacto directo con la muerte, al final se supera, y el relato recupera con ternura al hombre que hacía bonitas las cosas pequeñas de la vida, que establecía el equilibrio entre la belleza y el trabajo, entre la imaginación y la prudencia, entre la caducidad de los objetos y la inmortalidad de los sentimientos.

Posiblemente la palabra ternura es la que mejor define ésta y otras obras de Luchy Núñez. Según lo que dice la misma Luchy en un párrafo del libro:

 
"Quisiera acertar a plasmar en el papel todo lo que llevo siempre, esos pensamientos que a veces me sorprenden a mí misma... interpretar un paisaje, una fuente, hablar del color del ozono cuando ha cesado la lluvia, sentir un pino caliente, acariciando la piel..., y todo ello explicárselo a otro, que lo leerá otro día, en otra parte, cuando tal vez para mi ya se haya volatilizado el motivo, el paisaje, el sabor..."
     
    Luchy Núñez en la época de su primer libro
     

En uno de los relatos, el que titula "La tumbona", merece la pena destacar el sentido del humor con el que trata aquel bonito recuerdo:

 
"De pronto, levantaste la vista y observaste a una señora joven tendiendo ropa en una ventana. Me dijiste: Luchy, ¿qué pensará esa señora?, seguro que está diciendo: ¡vaya un padre fresco!, el en la tumbona y su hija en el suelo. Continuaste leyendo, y a los dos minutos escasos la volviste a mirar, diciendo: claro que si te subieras tú a la tumbona, de seguro diría, ¡que hija tan descarada, ella en la hamaca y su pobre padre tirado en el suelo!. Yo dormitaba haciéndote más bien caso omiso. Y en seguida continuaste, llevando más allá la cosa, con tu machaconería típica y enervante. ¿Y si nos subiéramos los dos?, diría, ¡que par de burros, van a cargarse la hamaca!. Yo empezaba a desternillarme, porqué era fácil prever el final conociéndote, y así fue. Lo mejor será que bajemos los dos... pero diría: ¡si serán imbéciles los tíos esos, pues ¿no tienen una tumbona estupenda y están los dos tirados en el suelo?".
 

En "El árbol de caramelos", hay una frase maravillosa que dice:

 
"La pequeña Luci me dicen que lloró cuando le dijeron que habías muerto . Era ella una de las que más disfrutaba de tu árbol. Pero yo, y ella, y tú, sabemos que cuando lloró no era por los caramelos"
 

Quizás, uno de los relatos clave dentro del libro, es "Canto disconforme", en el que podemos leer frases tan llenas de sentimiento, como éstas:

 
"Papá se ha muerto, ¿y qué me importa?
Yo no reconozco sus gusanos, ni mi herida.
No iré jamás al cementerio,
no me importan los huesos, horadando las pálidas
pieles transparentes.
No, no iré jamás al cementerio,
ni cuando así lo manden los crisantemos de noviembre."