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MATAR
A UN NIÑO
LUCHY
NUÑEZ
Diari de Tarragona
Dimecres, 13 de novembre de 1991
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Dibuix
que va publicar Mingote en la portada de "ABC" i
que encapsala l'article
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Solo
me cabe una explicación: un terrorista no sabe qué
es un niño; la clave de este horror debe estar en que tiene
un desconocimiento absoluto de lo que es un chaval. Por eso, y con
la esperanzada intención de que este escrito caiga en sus
manos, esté donde esté agazapado y sea quién
sea, voy a hacer un boceto de niño.
El
colodrillo del niño huele especial; huele a colodrillo de
niño y punto. Esto no es una perogrullada, terrorista; pruebe
usted. No tiene nada que ver con la cabeza grasa o calva del adulto,
con los sesos empapados de ideas de los mayores, con las sienes
cansinas de los viejos pensadores, con la brillantina de los pasotas,
ni siquiera con la lavanda de los estudiantes. Tiene su explicación
y su lógica: debajo, los niños de todos los remolinos
y pelos, de todos los mocos, de todas las mercrominas, y de todos
los jerseys, son iguales: cantera tierna y porosa como el mató
de Montserrat, la cuajada de Rentería, y el requesón
de Jaén. Y se fían del escalpelo y el cincel del adulto.
A
un niño le puede contar una historia de realismo mágico
y se la cree a pie juntillas. Por ejemplo, si le dice que un terrorista
es una persona como su papá, como el profesor de natación
o como la señora que le sujetó la cabeza cuando vomitó
en el tobogán del patio, dice que sí y se lo cree.
Dígale que usted es un héroe que se arriesga por su
ideología, que no es cobarde y que no se esconde después
de dejar una bomba activada en su coche y verá que el niño
se lo traga. Saque voz rasposa, de viejo y chimenea, y dígale
despacito y muy cerca, (podrá comprobar que a su soplo no
se le mueve ni un pelo) que sufre tanto como un abuelete solitario
que se acuesta con los calcetines puestos. ¿Se ha fijado
como le entra por los ojos la historia, y como le gusta la voz que
sabe contar cuentos? Ahora golpéese el pecho a lo Tarzán
y dígale que su misión es meramente ecologista y que
se trata de un trabajo para depurar la raza. ¿Ve cómo
asiente con las pestañas? Enséñele los dientes
y dígale que se ahoga como las ballenas sin agua, que todo
lo hace por el cumplimiento de su deber y repare en su boquita en
forma de hache aspirada y en cómo contiene la respiración.
Pero usted siga, terrorista, no se entretenga; es preciso que aprenda,
cuanto antes, qué cosa es un niño. Ahora juegue a
las sorpresas con él y muéstrele su macuto lleno de
herrumbres, llaves, municiones, clavos, latas de conserva, revólveres,
pólvora, en fin, usted sabrá lo que necesita, y vaya
explicándole... . "esto es un trozo de quilla del Juan
Sebastián Elcano, esto clavos de Óscar Cadiach el
alpinista, esto unas balas de Búfalo Bill, esto comida para
perros y gatos, esto polvos de la madre Celestina y esto, (aquí
sacará el revólver) una mariposa, con las alas un
poco quebradas, pero alas, ¡qué digo! ¡es mucho
más, es una maripo-gaviota!" Verá que su pistola
se pone a volar desde el espliego hasta el mar y del mar el espliego,
terrorista.
Pero no se confunda: el niño no es tonto; es esencialmente
crédulo y mimético. Sin embargo, mientras sueña
en ser adulto, (un buen adulto como piensa que somos los adultos)
prefiere: interminables vasos de agua, de un tirón y sin
respirar, pues es sediento por naturaleza; el chocolate sin pan
y la merienda con tomate y en la calle; el sábado para ver
los dibujos animados y el lunes para que llegue pronto el sábado.
Poco, ya ve usted, la vida por delante juego a juego. Aman, eso
sí, sobre todas las cosas, la mano del grande que les acompaña
al colegio. Y pese a las sofisticaciones de los ayrgam-boys y las
barbis superestar, esconden tesoros de todos los tiempos tales como
cromos repes y de picar; canicas; un caleidoscopio de cartón
para cuando les ataca la fiebre o los dolores de crecimiento y se
aburren en la cama; mariquitinas recortables; un tirachinas hecho
con alguna liga que apareció por casa; algunas piedras chulas
que le han afanado en las escolleras o en el río; y una felicitación
de Navidad que, vaya usted a saber el motivo, les dio corte mandar
en su día.
Y
bueno, para que le intuya un poco mejor, le dejaré anotadas
dos o tres claves sobre sus miedos. Temen las desolladuras de las
rodillas más que las de la cara; las inyecciones; la oscuridad;
las casas sin pararrayos; los primeros platos obligatorios; que
les corten las uñas de los pies; los enfados de los padres
que no siempre entienden; imaginar terremotos y maremotos; y a eso
de los nueve o diez años cogen pánico a las Natus
y a las Socis, si bien es verdad que no mucho después temen
sobre todo a las risitas del sexo contrario. Esa es la edad del
acné y del bozo.
Terrorista,
ahora me percato de que estoy escribiendo en un borrador que empieza
con x-1-6=y+1+6. Se me pasaba decirle que , con el tiempo, van aprendiendo
a hacer ecuaciones de todo tipo, descifran peliagudas incógnitas
y hasta se cepillan los dientes con placer; cuando esto llega ya
no son tan crédulos y cuestionan, inexorablemente, las verdades
de los adultos. Así que solo añadirle a pié
de página, no una sentencia, ni un consejo, ni siquiera una
conclusión, sino una certeza. No hay peor fraude que el que
se le hace a un niño; primero porque es un ser indefenso
y segundo porque se corre el riesgo de que, por mímesis,
nos lo pague con la misma moneda; en su caso la del terrorismo.
Matar a un niño.
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